Capitulo 135

Los batallones principales eran una marea de bronce y determinación, se movieron. No era una carga, sino una infiltración masiva. Los arqueros, con sus carcajes llenos, se posicionaron en los puntos elevados, con sus arcos tensados en la oscuridad. Los lanceros y espadachines, liderados por Ahmose, se deslizaron por la fisura.

El campamento estaba envuelto en el sueño. Tiendas de lona, barriles de agua, sacos de grano apilados en montones descuidados. Los pocos guardias que estaban despiertos fueron abatidos antes de que pudieran dar la alarma, sus gritos se ahogaron en la garganta. La sorpresa fue total.

—¡A la caballería! —ordenó Ahmose, su voz resonó por el campamento—. ¡Nebu! ¡Corta las rutas de escape! ¡Que nadie entre ni salga! ¡Aniquila a cualquier mensajero!

Nebu, con un grito de guerra, lanzó a su caballería ligera. Los caballos, fantasmas veloces en la penumbra, rodearon el campamento, bloqueando los accesos y las posibles
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