Para ser alguien a quien le estaba faltando el aliento ese soldado se aferraba muy bien a su pecho,ni siquiera podía quitárselo de encima y sacar su espada.
Cuando las manos del soldado volvieron a apretar su camisa,supo que era el momento de parar aquello. Apretó aquellas manos con fuerza y las arrancó de sus ropas.
—Basta—murmuró,pero el agarre del soldado se volvió mas fuerte y seguía murmurando palabras que ahora no tenían sentido—¡Basta he dicho! —. Esta vez pegó un grito, pero pudo darse c