Mundo de ficçãoIniciar sessãoCapítulo nueve
Aferro mis brazos a la chaqueta que cargo puesta y froto mis manos con mi suéter ancho —¿Por qué tenía que ser a esta hora? —habló en voz alta —estúpido Neftali, me las va a pagar.
Saco mi móvil del bolsillo de mis pantalones de pijama y veo la hora.
Cinco treinta y cinco de la mañana.
Mis oídos captan unos p







