13 - No tienes de que preocuparte.
Clara seguía parada en la puerta, incapaz de procesar del todo lo que estaba viendo. Alejandro Ferrer, su jefe, el hombre que hace apenas unas horas la había hecho arder de furia con sus comentarios, estaba parado frente a ella, sosteniendo un par de bolsas de comida.
«¿Qué hacía aquí?» Su rostro, generalmente imperturbable y frío, parecía ahora algo más humano, vulnerable incluso, una mezcla de incomodidad y resolución.
— Vine para disculparme, Clara — dijo Alejandro, finalmente rompiendo el s