Unas gotas de lluvia débiles y pequeñas golpeaban la ventana de su habitación, el teléfono no cesaba de repicar, estirando su mano lo tomaba a la par que miraba el reloj. Cinco y media de la mañana, hora acostumbrada por algunas de sus amigas para llamarle.
-Rose, cariño…-.
-Gigi, gracias que fuiste hoy mi despertador…te escucho feliz, así que pásame la noticia, no me digas que nos vemos en el café-.
-Pues sí, nos vemos en tu café a las seis y media, y por favor no llegues tarde-.
-No puedo cre