La furia de la curvy era tal que incluso Amir tuvo que colocar una de sus grandes manos alrededor de su ancha cintura, no porque Olivia se sintiera mareada o tuviese algún malestar, simplemente era el hecho que, en el brillo asesino de los ojos de su diosa, estaba más que claro que estaba a punto de saltar sobre esos dos oficiales.
—No como carnada. —dijo a la defensiva Laval.— Más bien como interlocutor, y es que creemos que Julieta oculta algo, tal vez ni siquiera esté implicada en la trata d