Emma.-
Una punzada de dolor se plantó en mi cabeza haciéndome despertar, dejando escapar un gemido de dolor me cubrí la cabeza con la sabana para impedir el paso de los rayos del sol parecía que me estuvieran regañando abrí los ojos de golpe incorporándome de un salto siendo el peor error que había cometido, sentía como la cabeza me daba vueltas y estaba a punto de estallar.
— ¡Ay dios! No vuelvo a beber más nunca en mi vida. –Veo que llevaba el mismo vestido las imágenes de anoche invadieron m