Albert despierta con el sonido de las risas de sus hijos, en el pasillo. Se levanta de la cama, estira los brazos y deja escapar un bostezo. Mira la hora en su reloj, ya pronto serían las ocho, se asea en el baño y minutos después sale del dormitorio.
Antes de bajar las escaleras, va hasta la habitación de su madre. La noche anterior había preferido no incomodarla, además de sentirse exhausto por el viaje, no deseaba alterarla emocionalmente. La mañana en el jardín fue bastante fuerte para él