17. El malestar.
Por fuera, tanto la madre como la hija, eran hermosas, ambas altas y de cabello negro largo, con la tez blanca y sus ojos verdes, parecían más hermanas que cualquier otro parentesco, aunque por dentro, eran un par de víboras disfrazadas, déspotas, sin sentimientos por cualquier cosa que no sea el dinero, incluso Owen pensaba que si en algún momento la vida las ponía en una situación de vida o muerte, una sería, con facilidad, capaz de sacrificar a la otra si de ello dependiese mantener su estat