Apreté los párpados y dejé escapar un respiro. Luego empujé la puerta y me adentré.
La misma habitación deteriorada por el tiempo. El viejo azul abandonaba su intensidad. Los muebles y las puertas que conducía al balcón, desgastados. Recordé que nunca había abierto las puertas corredizas hacía el balcón.
Por primera vez me atreví a caminar hacia ese lugar. Encontré pinceles, pinturas y un caballete delante de un banco pequeño.
Tragué grueso, segura de que todo eso perteneció al difunto herma