Corrí hasta que la casa de la manada quedó muy atrás, mi loba aullando fuerte en mi cabeza, instándome a seguir. Mis piernas ardían y mi cuerpo dolía por el largo día de trabajo, pero no me detuve. Una parte de mí deseaba que correr lo terminara todo, deseaba poder seguir hasta caer y no tener que sentir este dolor nunca más. Pero seguí empujando hacia adelante, mis pies golpeando contra la tierra, sin importarme hacia dónde me dirigía. Para cuando finalmente aminoré la velocidad, la noche se h