Lolita casi no podía creer lo que oía, y Diego tampoco. ¿Acaso habían oído mal?
Lolita, que estaba a punto de llevarse la comida a la boca, se detuvo. Luego miró a Gio, que seguía firme en su lugar.
"¿No te has equivocado?", dijo Lolita, tan sorprendida que hasta tartamudeó.
"Por supuesto que no, señorita. Fue su propio abuelo quien me lo dijo." Aunque no le gustaba, Gio tenía que transmitir el mensaje. Lolita asintió y luego miró a su amado.
"¿Qué opinas?"
Diego pareció pensar un momento, y un