“¡Señorita Lolita!”
Mark se acercó rápidamente a la cama. Allí se veía a Lolita tendida con el cuerpo arqueado. Sus rodillas estaban flexionadas y sus manos abrazaban su estómago.
Mientras tanto, sus labios emitían incesantemente un silbido similar al de una serpiente venenosa. También, un sudor frío como granos de maíz bro taba de su frente.
“¡Ssssshhhhh… ¡Arrrrggghhhh!”, el sonido parecía un gemido de dolor. Mark parecía en pánico.
“¿Señorita, qué le sucede?”
“Mi estómago…”, la voz de Lolita