Chester tenía ganas de beberse la cerveza. No podía rechazar a Tom, pero tampoco podía decir una palabra. Al final, optó por ignorar la invitación de Tom.
Tom conocía a Chester desde hacía muchos años, entonces, ¿por qué no podía entenderlo todavía?
Tom llamó a su subordinado: "Tráenos unas cervezas".
Tom entonces le pasó una cerveza a Chester, y este no la rechazó. La aceptó y se sintió satisfecho tras dar un sorbo.
"Chester, ¿por qué no dejas de trabajar para tu jefe y trabajas en camb