'No, gracias. Tengo que trabajar', arguyó Amaris bruscamente, sacudiendo la cabeza frenéticamente mientras retrocedía.
Maena le rugió airadamente, y Amaris, enojada, la bloqueó mientras Dave observaba cada uno de sus movimientos como si quisiera devorarla de punta a punta. Amaris luchaba a ultranza por pensar con claridad, ante la presión a la que estaba siendo sometida.
'Puedo ir al trabajo por mi cuenta, Dave. No quiero causarte molestias', le dijo, intentando infructuosamente ocultar el te