Intento concentrarme, pero soy incapaz. Las palabras se me escapan. Lo único en lo que puedo pensar es en el movimiento de su nuez de Adán. Su fuerte mandíbula, que me suplicaba que la recorriera con los labios. Y ni hablar de su aroma adictivo.
"¿Red? ¿Me escuchaste?", pregunta con voz ronca.
Trago saliva antes de responder: "S-sí".
Se inclina sobre el escritorio. Sus músculos se mueven mientras apoya las manos en el escritorio. Mis ojos se clavan en su pecho. Por alguna razón, quiero arranc