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Había maldecido por no sabía que vez y solo le quedó la opción de acomodarlo en su regazo mientras abría el cierre del vestido en la espalda y lo desplazaba dejando a la vista las diversas marcas que estaban allí.

Esta vez sí pudo tocarlas al abrir la prenda por completo. La piel, aunque sana, era irregular. Algunas habían sido bastante profundas. No se dio cuenta que estaba frunciendo tanto el ceño hasta que le dolió. Es que… no había necesidad de golpear a alguien hasta llegar a ese

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