Mundo ficciónIniciar sesiónCuando volví a abrir los ojos, ya era de día.
La pequeña seguía durmiendo y no quise despertarla. Cambié un momento para descubrirle los ojos y salí con sigilo. De camino al castillo, mi cabeza ya no era una vorágine confusa como la noche anterior. Tal como padre decía, las cuestiones triviales decantan y quedan en la almohada. El problema esa mañana era lo que quedara flotando, lo que no había decantado.
Ante todo, era indispensable reconocer mi absoluta ignorancia. De modo que







