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No tengo idea qué se habló durante la comida, porque mi cabeza estaba en otra parte. En el pabellón del bosque, para ser preciso. A pesar de todo, me sorprendió que Bardo regresara tan pronto. La tormenta había amainado un poco y sólo lloviznaba, así que me excusé para salir al balcón a escuchar su mensaje solo.

—¡Mael! —exclamó, y escuchar mi nombre en su voz me hizo estremecer de pies a cabeza&mda

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