Primero Greace, luego la princesa Kyra, siento que voy a perder la cabeza. Por fortuna Matthew tenía clases y con esa excusa me marché de ese lugar.
-Elizabeth, puedo pedirle a mi maestro que venga aquí, quiero que te quedes conmigo, ¡por favor!, suplico el niño esperando la aprovación de Alfred.
Estoy segura que con el paso del tiempo este niño hablando el corazón del lobo, por qué se que va a lograr convencerlo. Por supuesto que la princesa Kyra no lo iba a permitir.
“Es mejor que vayas a la