108. Transformación
Acaricio la cabecita de mi gordito, acaba de terminar de llorar, pero no se aparta de mí, sus pequeñas manos se aferran a mi camisa como si tuviera miedo de que me vaya de nuevo.
—Mami se quedará contigo, no hay nada que temer, Alanhard.
Él me mira y por unos segundos veo un destello dorado en sus ojos, pero desaparece rápido.
—Eres lo más hermoso que mami tiene— beso su diminuta nariz y él sonríe.
Escucho como la puerta se abre y primero entra un delta, detrás de él entra Mia, hace su reverenci