Apenas terminó de hablar. Las lágrimas que llenaban los ojos de Gabriel cayeron pesadamente al suelo.
—¡No! —gritó con voz aguda.
—¡Tú no eres la mamá de Sofía!
—¡Tú eres mi mamá!
Gabriel se acercaba hacia mí mientras hablaba. Al verlo tan miserable, no pude evitar recordar cuando me dijo que le gustaba Carolina y quería que fuera su mamá. No sentí ni una pizca de compasión. De hecho, me pareció algo ridículo.
—Gabriel, debes hacerte responsable de tus decisiones —le dije.
—Ya que elegiste no qu