Carolina recibía los regalos, agradeciendo uno por uno. Al final, incluso derramó lágrimas de emoción.
—Nunca imaginé que mi sueño se haría realidad, que podría ser realmente parte de su familia —dijo con voz entrecortada—. Estoy tan feliz.
—Ya no digas esas cosas —intervino Joaquín, incómodo al verla llorar y tratando torpemente de consolarla—. Vamos a comer, si no la comida se enfriará.
Cuando el grupo se disponía alegremente a ir al comedor, Joaquín se detuvo de repente. Al girar la cabeza, m