—¡D' La Fontaine! —exclamó con fuerza Idan haciendo al abogado y su acompañante voltear a él sorprendidos.
Cielle le dedicó una mirada de enojo, se apresuró en llegar a él para de cerca hacerle un reclamo.
—No me grites al llamarme, yo no soy tu mascota Evigheden —advirtió señalándolo con el dedo.
—¿Dónde estabas? —preguntó entre dientes el criminal, con la mirada fija en el joven que permanecía a unos pies de distancia tras de Cielle.
—¿Y eso a ti qué te importa? —se cruzó de brazos.
—Esta