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Los platos servidos parecía lo menos importante en el lugar. El protocolo en la mesa estaba autorizado a ser roto, lo que era conveniente para ella, quien odiaba seguir las reglas. Por otra parte, Marco trataba de verse amistoso en todo momento, a pesar de la incomodidad ante la presente Mariana y el inevitable silencio que tenían.
Durante el transcurso del viaje, ninguno de los dos dijo una sola palabra, por lo que habían llegado al restaurant, decididos a sentarse y ordenar lo que cada un