Mundo ficciónIniciar sesiónAl escuchar aquello no pude evitar pensar la cantidad de veces que la luna se posó sobre la cornisa de la ventana y tu Oona tan tuya y tan mía, intentaste decirme una y otra vez que allí estabas sola, angustiada y perdida entre la nada, luchando por hacerte sentir, porque te escucharan y sin embargo la única persona capaz de poder oírte se encontraba sorda ante tus lamentos.







