Agarrandola mano de Maximiliano con tanta fuerza que me duelen los dedos, salgo al estrado con él y observo a la multitud de invitados estallar en aplausos y vítores. Es surrealista ver a todas estas personas que no conozco entusiasmadas con nosotros simplemente caminando frente a ellos, y miro a Maximiliano con la esperanza de que él se sienta más cómodo con eso que yo.
Él no es. Sé por la sonrisa que tiene plasmada en su rostro que odia esto. No entiendo por qué esto es tan importante o por q