Esmeralda
Desperté algo desorientada, pero cómoda. Luego me di cuenta de que una mano acariciaba mi abdomen. Me levanté y me di la vuelta, y allí estaba; no había sido un sueño. Cerré los ojos y me dejé caer de nuevo en la cama.
—Buenos días —saludó, y yo no sabía qué decir. Me corrí un poco para que no me tocara, y luego recordé el momento en que se había quedado dormido.
—Buenos días —respondí—. Recuerdo una almohada entre nosotros —dije mientras buscaba mi móvil con la mirada.
—Yo también la