Íker Denaro
Respiré profundo y puse una sonrisa en mi rostro. Miré hacia el ascensor y de pronto se abrió; por allí salió la nana Hannah junto a Milenka. Tomé el ramo de rosas que le había comprado y salí del carro. Ella sonrió ampliamente y recibió las flores; enseguida me las agradeció y comenzó a hablar de su día. Esto me estaba llevando al límite, pero busqué una salida para silenciarla.
—Nana, puedes ir a la casa familiar. Necesito que traigas algunos documentos —ella asentí—; por favor, qu