─ Tú.
Sono tan firme que me temí creerle. Sus ojos brillaban, su mirada no se apartaba de la mía. Me acerque hacia el tragando seco ante los nervios, lleve mi mano hacia su mejilla dandole una leve caricia.
─ No me ames. ─suplique─. No puedes.
─ Dime el por que no deberia amarte.
─ Tú mereces una mujer mejor a tu lado, eres tan dulce. Tan amable, tan lleno de virtudes que temo que mi dolor te amarre a mi.
El sonrió de costado levemente: ─ Soy la persona que quiere sanar ese dolor, patearle