Fue como una corrida de tiempo que sucedió hasta que después de un millón de arreglos nos encontrabamos en el salón. Aún no había visto a nadie, tan solo a mi madre y Alessia quienes se estaban encargando de que hasta el último detalle estuviera perfecto.
─ Bien, creo que es el momento en el que debemos de salir. ─anunció Alessia.
¿Estaba nerviosa? Para nada. Solo estaba a que mojaba mis pantalones, pero lo usual, nada nerviosa. Ambas mujeres se colocaron a mi lado y me guiaron hasta el salón