Subieron a la limusina junto con Fernando quien no se despegaba del regazo de Rosse y la abrazaba con esos pequeños bracitos llenos de ternura.
—Mamá, yo no me quiero quedar solito, mejor me llevan a su luna de ese ese ¿Cómo era? — Golpeando con su diminuto dedo meñique sobre su mentón tratando de recordar la palabra.
—Luna de miel, pero campeón no puedes ir con nosotros — Fernando arrugo él entre cejo no le gustaba que le dijeran eso, pero como siempre estaba Rosse al rescate.
—Cua