— Sarah, entra al coche.
—¿Sarah?
— Cariño, entra al coche. No estás bien. — su hermana volvió a llamarle y Sarah se secó las lágrimas que bajaban ilusionadas por sus mejillas, creyendo que podían conseguir un mejor futuro fuera de sus ojos.
El paraíso prometido.
Sin embargo ya no habia nada similar para Sarah, y ella lo sabía.
Al igual como supo que ese hombre era un problema.
—Sarah, Tony ya viene, él dijo que te quedaras...
— ¿Estás bien? Te veo muy palida.—Le dijo el hombre que estaba