Ambar
La brisa cálida de la isla Mystikós seguía acariciando mi piel mientras el equipo se instalaba en el lujoso resort donde nos hospedaríamos durante los próximos días. Todo parecía ir sobre ruedas, hasta que un coche negro apareció en la entrada principal, dejando entrever una figura elegante y muy familiar. Mi estómago se tensó al instante.
Era Alice, la inversionista que en la cena había mostrado demasiado interés en Axel.
—¿Qué demonios hace aquí? —murmuré para mí misma, aunque una parte