Me quedo allí, perdida en mis pensamientos, hasta que Xylara aparece y me saca de mi ensimismamiento.
—¿Problemas en el paraíso? —me dice con una sonrisa sarcástica.
Me vuelvo hacia ella, sintiendo una mezcla de irritación y frustración. Me choca que este aquí y lo peor es que tengo que aguantarla.
— No te metas en donde nadie te llama, Xylara —le digo, intentando mantener la calma.
Ella se acerca a mí con su sonrisa cada vez más amplia, la cual quiero borrar de una patada.
— Pensé que eras una