Scott se preguntaba si ella lo tomaría despacio y con suavidad, o con fuerza y pasión. Dios, casi se había vuelto loco pensando en eso.
Vivian asintió, pero él negó con la cabeza. —¿Segura, cariño? ¿Estás bien?
—Sí —susurró ella, apretándole el cuello. Retiró la mano y la sustituyó por la boca, recorriendo su garganta, su barbilla, hasta detenerse sobre sus labios.
Apretó sus labios contra los de él. El beso no fue ni paciente ni vacilante. Su lengua se lanzó hacia adelante, se enredó con la