Recostándose pesadamente en la cama, su mente confusa repasó mentalmente: San Francisco, un vestido de noche formal, una bolsa para pasar la noche o quizás una para el fin de semana o incluso para toda la semana. Estar lista para irme a la una…
De repente, presa del pánico, llamó a Megan por teléfono.
—Megan, tienes que hablar con Louis por mí —dijo con urgencia.
—¿Louis? —repitió Megan—. Oh, Dios mío… ¿qué pasa?
—Nada… Es que… tengo que dejar mi trabajo en la pastelería. Lo llamaría yo misma,