-CAPITULO 12-

El sol tibio de la mañana golpeo suavemente su rostro. Sonrió, era una linda manera de despertar. A pesar de eso no quiso abrir los ojos, seguro era demasiado temprano. Se acomodó mejor. De pronto recordó todo lo sucedido la noche anterior, rezo a todos los santos para que no fuera cierto. Pero levanto un poco la cabeza y ahí estaba el: acostado en su felpudo y... ¡Agarrándole la mano! Se soltó con tanta violencia que cayó al otro

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