Pero no hubo nada.
No hubo chispa, no hubo explosión en el pecho, ni ese calor salvaje que le recorría las venas cada vez que Dario la acorralaba contra la pared.
Victoria apoyó las manos en el pecho del arquitecto y lo empujó con suavidad, rompiendo el beso. Retrocedió un paso, bajando la cabeza, s