Emilio Vargas no retrocedió ante la mirada asesina de Darío, al contrario, el arquitecto acomodó la botella de vino tinto bajo su brazo izquierdo, mantuvo su postura elegante y avanzó a paso firme hasta quedar a menos de un metro de distancia del magnate.
—Buenas noches, Montenegro —saludó Emilio, c