Volviendo al mundo de Rebecca, con las piernas temblorosas y con tanto respeto, el hombre le dio el permiso que necesitaba para entrar en la habitación.
Nerviosa, Rebecca cogió la tarjeta de la mano del hombre y se alejó sintiendo como si sus piernas ya no funcionaran y en cualquier segundo, sus piernas fueran a fallarle y hacerla caer.
Siendo la mujer segura de sí misma que siempre fue, Rebecca fue directo a la sexta planta.
De camino a la habitación, recordó lo que le había dicho a su amig