Capítulo 13. No me dejes nunca
Benjamín quedó horrorizado con las gotas de sangre en suelo, el vidrio partido de la peinadora, mientras que en la cama, su esposa yacía hecha un ovillo, se acercó a ella rápidamente con preocupación, tratando de contener los latidos acelerados de su corazón, pasó la palma de su mano por la nariz y así supo que estaba dormida, trató de hacer el mínimo ruido para no molestarla, observó sus manos heridas, se acercó, como no vio ningún indicio de gravedad, la dejó seguir durmiendo, le acostó a Ale