Sentada en las escaleras del porche, Anastasia mantiene su mirada perdida en la actividad frenética de los oficiales que se mueven por el patio. Sus uniformes oscuros contrastan con el polvo y los escombros, mientras interrogan a los trabajadores, toman fotos y recogen las pruebas.
A unos pasos de ella, Arman habla con uno de los oficiales, y a diferencia de ella que apenas pudo mantener la coherencia necesaria para decirle lo que pasaba, el tono de Arman es firme y controlado. Explica con deta