Y así transcurrían los días de Sun-Ji, tranquilos y serenos, a excepción del mar de sentimientos que tenía dentro de ella, desde que había conocido a ese hombre que le estremecía todo el cuerpo. Ella sentía tantos sentimientos encontrados, que tuvo que hablar con la única mujer, a excepción de ella, que vivía en su casa, a saber: la esposa de su hermano mayor.
—Eun-ji.
—Hola preciosa, ¿Cómo estás?
—Me siento bien, pero, necesito hablar con alguien, ¿Podrías?
—Claro, linda. Pero acompáñame a mi