—¿Cómo estás, mamá? —le preguntó Arantza a Indira cuando llegó a casa junto con Lenya.
—Estoy bien, Doña Paula me ayudó mucho el día de hoy —era el nombre de su vecina—. Oh, señorita —articuló tras ver a la heredera.
—Buenas noches, señora —saludó con cortesía.
—Qué honor tenerla aquí. No sé si mi hija se lo ha dicho, pero estamos muy agradecidas por la ayuda que hemos recibido de usted —expresó.
—Sí, me lo ha comentado. Y, por favor, dígame Lenya.
—Ay, cómo cree. Es difícil llamar por su nombr