Tras situarse frente a la casa de Arantza, Lenya observó el lugar con recelo.
—¿Porqué está tan oscuro? —cuestionó—. ¿En verdad vives aquí?
—E-Es que… mi mamá debió haberse olvidado de encender las luces —rio con nerviosismo. No iba a mencionar que estaba sin electricidad desde hacía un tiempo—. Muchas gracias por haberme traído a casa, señorita. También por el celular y por…
—Sí, sí. Ya entendí. De nada —le interrumpió, a lo que Arantza soltó una risita.
—No sea tan tímida —se mofó—. Adiós, no