El amanecer en Medellín saludaba a través de una rendija de las cortinas de seda, dejadas intencionalmente ligeramente abiertas.
Valentina no había dormido. Bajo la luz tenue de la lámpara de mesita, la pantalla de su portátil médico reflejaba un resplandor azul en su rostro aún pálido.
La jeringuilla de la perfusión en su muñeca le producía una sensación pulsátil, pero sus dedos se movían con agilidad sobre el teclado.
Sebastián acababa de salir a ducharse, lo que le daba a Valentina una ven