El primer día que Valentina regresó a la sede central del Grupo Valderrama no fue recibida con flores, sino con miradas acusadoras y susurros en el pasillo de cristal.
Después del drama de su "fuga", encubierta como "vacaciones médicas privadas", Valentina ahora se paraba en el vestíbulo con una aura completamente distinta.
Llevaba un conjunto de blazer color marfil que contrastaba con la ropa oscura de los guardaespaldas que la rodeaban.
En la mano sostenía una tableta que contenía datos de