La luz neón del laboratorio subterráneo de la Villa La Esperanza parpadea una vez antes de emitir un brillo blanco estéril y deslumbrante.
El olor a ozono y líquidos químicos conservantes impregna la habitación oculta detrás de la pared de la antigua biblioteca.
Valentina se encuentra frente a un escritorio de laboratorio de acero inoxidable; sus manos cubiertas de guantes de látex tiemblan ligeramente mientras sostiene un tubo de vacío con una muestra de su propia sangre.
La puerta de acero