Durante lo que para ella pareció un buen rato, Carla olvidó qué hacía allí. Solo por minutos, porque aún seguía en alerta total por la posibilidad de que el señor Bastidas no le creyera, o peor, que la despidiera por haberse atrevido a ir hasta allí.
Se había metido en un terreno totalmente privado, eso ya estaba definido en su cabeza. Aún más, luego de ver al Gran Jefe sin camisa.
La mujer de cabello negro, el cual llevaba esa mañana lacio y suelto, jamás esperó ver lo que vio.
Sí, ella y mu